Cuando iba en el bus, mirando a la gente que iba por la calle, a la gente que subía y bajaba, cargado de bártulos para ir al trabajo… Se me ocurrió que me apetecía más que nada hacer pellas, novillos… Hacer pellas de la vida, de todo. Levantarme un día, temprano y hacer pellas de las clases, de mi familia, de los amigos, de los conocidos, de cualquier compromiso, de desayunar y comer, de acudir a citas… Hacer pellas de todo y de todos.
Salir de casa por la mañana temprano y visitar la ciudad un día normal. Caminar sin rumbo, despacio, paseando como nadie pudiera verme. Ver la vida desde fuera: entrar en las tiendas vacías a primera hora, observar a la gente ir de un lado para otro, cargados de bolsas; sentarme en una cafetería a ver cómo la gente desayuna apresurada, cómo se toman sus descansos y hablan apresuradamente de los incidentes del día; ver a los padres histéricos al volante por llevar a sus hijos a clase, que se resisten, que lloran, que se quejan, que preguntan; sentarme en un portal a ver la lluvia resbalar por las calles vacías de sentimientos ; pararme delante de todos los escaparates, que están siendo arreglados antes de abrir las puertas al público, que permiten ver a las dependientas tranquilas pensando en lo que les espera unas horas después, que resguardan a un puñado de maniquís que no tienen más meta que el de ser observados (como tantas personas); coger cualquier bus que me lleve a cualquier sitio que desconozco y pararme cuando simplemente me canse de ver la vida pasar a través de sus ventanas; comprar pan caliente, recién hecho; beberme un café en vaso de cartón; dar una reprimenda con la mirada a una señora que no recoge los depósito de su perro.
Ardo en ganas de pasarme horas y horas en blanco, donde el reloj no importa, donde nadie se pregunta dónde estarás, qué estarás haciendo y, lo más importante, si estarás cumpliendo con tus cientos de obligaciones. Sentir la ciudad, hablar con ella, que me cuente todo lo que nadie se para a mirar. Visitar todos esos sitios que empañan mis ojos cuando paso por delante porque me recuerdan tiempos mejores.
Caminar como un espectro que nadie ve, en el que nadie se fija. Ir a todos los sitios a los que nunca fui y siempre quise.
Y encontrar una mirada cálida en medio de la gente, desconocida pero profunda, que hace que de pronto… Me detenga en medio de la calle a verla pasar, aunque sepa que el que se pierda para siempre en el tumulto de la gente… es cuestión de segundos.
