Lo justo y necesario

Agosto 25, 2009

No podemos conducir por ti, estamos contando tu dinero.

En una de mis habituales visitas a una de tantas redes sociales de las que formo parte, me llega un evento relacionado con la DGT. El primer pensamiento, el que tengo siempre, es el de que será algún articulillo mal redactado sobre algún accidente, o alguna injusticia a la que se le ha dado más bombo del que tiene, o que alguien escribe porque por una vez ha notado lo que es que esta vez sí te toque a ti el marrón.

Total, que lo miro, siempre por si acaso. Pretende, de algún modo, publicitar una página web. Comenta el caso de las multas por excederse en 1km/h la velocidad máxima permitida (que son 100€, por cierto). Como conductora que soy, me intereso más o menos y pulso en el link que aparece más abajo.

Se trata de una web de junta de firmas para la dimisión de Pere Navarro, el actual director de la DGT. Bueno, siempre me muertro un poco reacia a este tipo de reunionen masificadas sobre alguna injusticia más o menos pronunciada. Y más si requiere firmas y cosas por el estilo que al final no sabes muy bien dónde van a ir a parar.

Lo primero que me llama la atención en una esquina, son los datos de recaudación de la DGT desde el carnet por puntos: triplicado en 4 años. No se lo montan nada mal. Y total, la web, en general, trata de toda esta problemática que tenemos en España (atención, comienzan los comentarios puramente subjetivos) con el tema de que la velocidad es lo que mata a la gente en las carreteras.

Importantísima la velocidad cuando un kamikaze decide meterse en sentido contrario en la autopista. Cuando, en un ceda el paso, el conductor está mirando para cualquier lado menos para los coches que le vienen. Cuando un inseguro va pisando el freno alternamente, haciendo que todos los de detrás, aún yendo en segunda por una carretera secundaria de 80 km/h, tengan que pegar frenazos sin sentido.  Cuando alguien detiene su coche sin señalizarlo antes. Y así hasta el infinito de casos.

Hoy mismo, viendo el telediario, he podido comprobar como en Galicia la población de ha convertido en un momento en un grupo de alcohólicos-kamikazes, teniendo el mayor porcentaje de tasas elevadas de alcohol al volante y  de siniestralidad en las carreteras. Pues bien. Siendo una considerable conocedora de estas carreteras, puedo decir que la velocidad tiene poco que ver en la mayoría de los casos. Mejor dejar el tema del estado que tienen el 70% de las carreteras secundarias en esta región, la mala señalización de las mismas se vuelve algo recurrente. El hecho de que en unos trayectos tengas que ir a 50 km/h durmiéndote encima del volante del aburrimiento, y que en carreteras con curvas comparables con las de un circuito de fórmula 1 puedas ir a 80 km/h, es uno de los miles de detalles que podríamos discutir con la DGT.

La polémica de los radares. Puestos en cualquier sitio menos donde evitarían accidentes (los puntos negros, que le llaman). Bueno, vale, sigo apoyando mi teoría de que la velocidad no es el problema. El problema es la velocidad+alcohol. La velocidad+inexperiencia. La velocidad+malas condiciones de carretera o de meteorología. Evidentemente.

Una sevidora, siguiendo con su propia experiencia, querría preguntar si aquellos que dictan este tipo de restricciones hacen muchas veces el trayecto Vigo – Barcelona. Es curioso. Yo lo suelo hacer, al menos 2 veces al año. Es deplorable tener que ir todo el camino a 120 km/h. Realmente en Galicia pues… Mucho más de 120 km/h tampoco es que uno pueda tomar. 130, seguramente. 140, poco probable. 150, bueno, en algún caso. Todo visto desde el punto de vista de un conductor más o menos joven e inexperto. Aquellos que pasan la mayor parte de su tiempo en la carretera, tienen un control que ya quisiéramos muchos y del que yo no dispongo. Teniendo en cuenta esto, digamos y aceptamos (aunque no sea correcto ni esté de acuerdo) que ese límite es medianamente aceptable. Cosas que tiene la vida que ese es más o menos un 20% de mi viaje. Otro 20% es Catalunya, que sin ser como Galicia, alguna curva sí que encontramos. Pero, señores… que las tres quintas partes de un viaje de 1200km se haga por la ancha Castilla a 120 km/h… Bueno, no sé si ahorrará accidentes de tráfico. Pero los suicidios debe aumentarlos porque es realmente desesperante.

¿Los vehículos viejos? El mío tiene 11 años y está en unas condiciones perfectas. Cuidado y llevado al día. Tampoco pienso que sea un problema.

Que en la única recta más larga de 50 metros que tiene Vigo haya que ir a 40 km/h cuando la densidad de peatones se concentra 5 o 6 horas al día durante 3 meses del año… Me parece aberrante. Sobretodo teniendo en cuenta que en unos 300 metros tenemos como 4 radares. Soy la primera que le parecen lo peor las carreritas y piques en las rectas como estas, que las había, desde luego. Pero nadie hace carreritas a 50 o 60 km/h. ¿Es necesario que nos adelanten los peatones por la acera? Tampoco creo yo.

No es posible que en un radio tan grande alrededor de la ciudad de Barcelona, se vaya por la autopista/autovía a 80 km/h. Bueno, posible es, es lo que hay.

Pero en realidad, lo que se dice bien pensado, está y con creces… Porque la pasta que se recauda es impresionante. Buen negocio. Para las subvenciones disparatadas que se dan hoy en día hace falta pasta. Lo demás, lo poco importante, la gente que se muere de hambre, los pisos de 30m2, los locales sin licencia, los agujeros negros que tienen las carreteras de Galicia… Para esas cositas sin importancia no hace falta ni dinero ni actuación.

Así que lo dicho. No sé si servirá de algo, por lo que confieso que yo no he firmado, pero el que quiera, dejo la referencia para firmar por la dimisión de Pere Navarro, director de la DGT. En ella además encontrareis artículos y referencias tan interesantes como un video sobre cómo este buen señor cumple a la perfección sus propias normas.

Que conduzca por ti tu padre, pero por mí conduce el del metro, como mucho.

Pere Navarro Dimisión

Junio 8, 2009

PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES

Archivado en: Enlaces, crítica — avuiperahir @ 2:02 pm

Ante mi – he de puntualizar, agradable- sorpresa, me llega por variar a mi cuenta de Tuenti (si es que estoy en todo) un evento. En la foto, Arturo Pérez-Reverte, que por unas razones u otras nunca me ha entrado por el ojo derecho, pero que sin embargo merece mi atención debido a que no se le puede negar el acumule de cultura del que puede presumir. Algo que hoy en día por estos lares brilla por su ausencia. Así me decido a usmear qué tiene que ver este buen señor con algo tan – realmente es así señores, no se escandalicen los usuarios – carente de cultura general.

Se trata de un artículo. Como bien he dicho, nunca he tenido muy en cuenta los escritos de este buen señor, así que hube de pensármelo un poco antes de proceder a la lectura. Comienzo con el título. Me suena a arrogancia y desfachacez, pero sigo de todos modos. Así me sorprendo leyendo una descripción completa, desarrollada y trabajada de mi idea de Educación y Cultura en  este mi muy querido país. Sorprendida al punto de verme enfrascada en la lectura de una forma ansiosa.

Y es por eso que no he podido pasarlo por alto, que veo necesario que todo el mundo lo lea. O mejor, que todo el mundo lo intente y, como advierte uno de los comentarios del citado evento, que los menos agraciados se queden a dos párrafos decepcionados por no encontrar alguna pausa, foto graciosa o pornográfica o simplemente algún taco mal escrito. Se siente. O como nos plantea este nuestro sistema educativo: que aprenda el que pueda.

Y cito textualmente:

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda.Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Es por ello que mi redacción se pueda haber vuelto en este post más rimbombante de lo acostumbrado. No es para menos. A riesgo de parecer un quiero y no puedo en comparación con el artículo, si algo he aprendido de mis padres – entre otras muchas cosas – es a hablar con propiedad.

Como ya comento en este evento, respiro proundo de encontrarme al fin una actividad de Tuenti en donde los comentarios de los usuarios contienen un porcentaje sorprendentemente reducido de faltas de ortografía.

Fuente: http://www.tuenti.com/#m=Event&func=index&event_key=1-2576699

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