(viene de - 3 -)
El resto del mundo no sabía nada de nosotros; me constaba que a penas unos pocos eran conscientes, según más adelante me comentaron, de que había buen rollo entre nosotros y de que nos llevábamos bien, sin más. Desde el principio parece que fuimos dos sujetos que no casábamos para nada, siempre a ojos de los demás. Lejanos en el espacio y en el tiempo, todos dieron por hecho que no éramos más que puntos casuales en medio de una maraña de líos, que la superficialidad de nuestra amistad era equiparable a cualquiera de las otras amistades del entorno y llamaba exageradamente poco la atención.
Nunca tuve claro por qué pero sí es cierto que el mundo nos olvidó antes de llegar a reconocernos siquiera. Y curiosamente, a medida que se acentuaba nuestro lazo, menos y menos nos relacionaba la gente el uno con el otro sin que nosotros hubieramos pretendido ocultar algo, aunque por aquel entonces no hubiera nada que lo requiriera.
Y la verdad, es que pensado fríamente, tenían razón. Nuestras vidas, sino opuestas, eran lo más distito que uno se podía imaginar. Nos separaban una buena cantidad de años, una buena cantidad de kilómetros, una buena cantidad de vivencias, de pensamientos, de opiniones, de compañías y de gustos. Curiosamente, lo que más nos unía eran nuestras familias que, con el tiempo, llegaron a parecerme prácticamente una el reflejo de la otra, aún habiendo un gran abismo de edades entre ellas. Curiosamente también, a pesar de esto, sería siempre la parte de nuestra vida que siempre mantendríamos alejada del otro, quizá precisamente por lo parecidas que se nos habían antojado.
Su vida era frenética y enérgica. Siempre honrada pero emocionante. Desde antes de que yo aprendiera siquiera a multiplicar, él ya estaba aficionado a la fiesta, a la noche, a las risas, a dormir poco y vivir mucho. Y curiosamente, esto último, de fiesta o no, era algo que jamás olvidaba. Viajes, escapadas, experiencias inolvidables, unas mejores, otras peores. Retos, juegos, aventuras… Su vida era un torbellino, igual que él ha sido siempre, y con el tiempo aprendería que una de las cosas que más me gustaban de él era precisamente escuchar todos estos episodios de los que yo no pudiera quizá ni imaginar la repercusión que habrían hecho en él.
En cambio yo, llevaba una vida más o menos tranquila, típica y organizada. La mayor parte del tiempo sabía qué me iba a pasar, a veces a ciencia cierta y otras muchas por esa curiosa tendencia a preveer las cosas de mi alrededor que poseía. Mi caracter agridulce le dejó siempre claro que era una persona que aspiraba a mucho más de lo que tenía, que podría hacer grandes cosas y que tenía para en señar diez veces más de lo que mi vida me había permitido demostrar.
Quizá eso le llamara la atención en mí. O puede que la espontaneidad de mis palabras, la sinceridad de mis actos, la intensa preocupación, la paciencia, las horas de charlas o simplemente alguna chispa incomprensible. Le llamé la atención y siempre ha sido de ese tipo de personas que sabe lo que quiere y que va a por ello de una forma sutil y certera. Pienso muchas veces que conmigo no fue distinto, que en medio de aquella multitud que le abordaba me vio y decidio que yo era diferente a lo que estaba acostumbrado y, desde luego, eso era todo un logro en su vida.
Como siempre hacía, de forma sutil fuimos tejiendo una delicada red que se haría más y más grande y, para nuestra desgracia, más y más complicada a cada paso. Fue persistente, paciente y compresivo. Fue todo lo que nadie más que él o yo hubiéramos sido.
Pero ni tan siquiera cuando la edad o los km eran el menor de nuestros impedimentos, dejamos ni un solo día de mimar y conservar el que se había convertido en nuestro exclusivo y resguardado mundo. Me enseñó a conservar lo que más quería, a ser paciente y constante, a ser natural y segura de mí misma, pero sobre todo, muy poco a poco, me enseñó a amarlo suave pero intensamente, de forma fluída pero pausada, igual que emana la sangre espesa de un cuerpo herido. Y eso sí, sin ser consciente de ello, al menos no en principio.
Sin darme cuenta...
(sigue en -5-)