Lo justo y necesario

Junio 26, 2008

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Archivado en: Fotos, Relatos — avuiperahir @ 12:09 am
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(viene de - 3 -)

El resto del mundo no sabía nada de nosotros; me constaba que a penas unos pocos eran conscientes, según más adelante me comentaron, de que había buen rollo entre nosotros y de que nos llevábamos bien, sin más. Desde el principio parece que fuimos dos sujetos que no casábamos para nada, siempre a ojos de los demás. Lejanos en el espacio y en el tiempo, todos dieron por hecho que no éramos más que puntos casuales en medio de una maraña de líos, que la superficialidad de nuestra amistad era equiparable a cualquiera de las otras amistades del entorno y llamaba exageradamente poco la atención.

Nunca tuve claro por qué pero sí es cierto que el mundo nos olvidó antes de llegar a reconocernos siquiera. Y curiosamente, a medida que se acentuaba nuestro lazo, menos y menos nos relacionaba la gente el uno con el otro sin que nosotros hubieramos pretendido ocultar algo, aunque por aquel entonces no hubiera nada que lo requiriera.

La edad no importa, Ana PiédrolaY la verdad, es que pensado fríamente, tenían razón. Nuestras vidas, sino opuestas, eran lo más distito que uno se podía imaginar. Nos separaban una buena cantidad de años, una buena cantidad de kilómetros, una buena cantidad de vivencias, de pensamientos, de opiniones, de compañías y de gustos. Curiosamente, lo que más nos unía eran nuestras familias que, con el tiempo, llegaron a parecerme prácticamente una el reflejo de la otra, aún habiendo un gran abismo de edades entre ellas. Curiosamente también, a pesar de esto, sería siempre la parte de nuestra vida que siempre mantendríamos alejada del otro, quizá precisamente por lo parecidas que se nos habían antojado.

Su vida era frenética y enérgica. Siempre honrada pero emocionante. Desde antes de que yo aprendiera siquiera a multiplicar, él ya estaba aficionado a la fiesta, a la noche, a las risas, a dormir poco y vivir mucho. Y curiosamente, esto último, de fiesta o no, era algo que jamás olvidaba. Viajes, escapadas, experiencias inolvidables, unas mejores, otras peores. Retos, juegos, aventuras… Su vida era un torbellino, igual que él ha sido siempre, y con el tiempo aprendería que una de las cosas que más me gustaban de él era precisamente escuchar todos estos episodios de los que yo no pudiera quizá ni imaginar la repercusión que habrían hecho en él.

En cambio yo, llevaba una vida más o menos tranquila, típica y organizada. La mayor parte del tiempo sabía qué me iba a pasar, a veces a ciencia cierta y otras muchas por esa curiosa tendencia a preveer las cosas de mi alrededor que poseía. Mi caracter agridulce le dejó siempre claro que era una persona que aspiraba a mucho más de lo que tenía, que podría hacer grandes cosas y que tenía para en señar diez veces más de lo que mi vida me había permitido demostrar.

Quizá eso le llamara la atención en mí. O puede que la espontaneidad de mis palabras, la sinceridad de mis actos, la intensa preocupación, la paciencia, las horas de charlas o simplemente alguna chispa incomprensible. Le llamé la atención y siempre ha sido de ese tipo de personas que sabe lo que quiere y que va a por ello de una forma sutil y certera. Pienso muchas veces que conmigo no fue distinto, que en medio de aquella multitud que le abordaba me vio y decidio que yo era diferente a lo que estaba acostumbrado y, desde luego, eso era todo un logro en su vida.

Como siempre hacía, de forma sutil fuimos tejiendo una delicada red que se haría más y más grande y, para nuestra desgracia, más y más complicada a cada paso. Fue persistente, paciente y compresivo. Fue todo lo que nadie más que él o yo hubiéramos sido.

Pero ni tan siquiera cuando la edad o los km eran el menor de nuestros impedimentos, dejamos ni un solo día de mimar y conservar el que se había convertido en nuestro exclusivo y resguardado mundo. Me enseñó a conservar lo que más quería, a ser paciente y constante, a ser natural y segura de mí misma, pero sobre todo, muy poco a poco, me enseñó a amarlo suave pero intensamente, de forma fluída pero pausada, igual que emana la sangre espesa de un cuerpo herido. Y eso sí, sin ser consciente de ello, al menos no en principio.

Sin darme cuenta...

(sigue en -5-)

Junio 25, 2008

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Archivado en: Relatos, amor — avuiperahir @ 1:15 am
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( viene de - 2 - )

El muro de cristal que nos separaba de la calle empezó a temblar con la fuerza del viento y la lluvia: se avecinaba una buena tormenta. Yo miraba distraída hacia fuera, miraba cómo la gente corría de un lado para otro, metiéndose en el metro lo antes posible para evitar la que se les venía encima. Todavía llovía suavemente pero pronto se desataría una de esas trombas de agua que tanto echaba yo de menos desde que vivía allí.

-Si no nos vamos ahora tendremos que quedarnos aquí hasta que pase la tormenta-, dijiste mientras jugabas con mis dedos-. ¿Qué te apetece hacer?

Apenas me quedé meditando un momento, entonces me levanté, di la vuelta a la mesa y me senté sobre tu regazo. Me sonreíste y pasaste las manos alrededor de mi cintura. Entonces recordé algo que me habías dicho ya hace tiempo, cuando todo era más difícil y cuando cada vez que nos veíamos era como una fiesta nacional para nosotros.

-¿Qué te parece si hoy no volvemos a casa?

-¿No volver a casa? ¿Y eso?

-Sí, ¿por qué no? Escapémonos un poco. Ahora podemos-, le dije guiñando un ojo. No hacía tanto que habíamos conseguido terminar con lo que parecía una eterna época en la que escaparnos juntos, además de imposible, era lo que deseábamos constantemente.

Plaça Catalunya

Me miraste con esa cara que pones cuando maquinas algo para complacerme, por el simple gusto de verme feliz. Pagamos los cafés, cogiste mi mano y me guiaste hasta la calle. Me besaste y volviste a cogerme para llevarme hasta la parada de metro de Plaça Catalunya. No dijiste nada en todo el trayecto, tan sólo me llevabas de la mano, casi corriendo, esquivando a la gente y apretándome fuerte. En medio de la multitud y de la carrera, acertabas a mirar hacia atrás, a mirarme y sonreír: algo tramabas.

El metro estaba abarrotado. Me llevaste hasta la línea 3 y en seguida subimos en uno de los vagones. Viajamos de pie apoyados en los asientos cuyos respaldos daban a las puertas de acceso.

-¿Dónde me llevas?

-¿No querías que nos escapáramos?-, dijiste con una sonrisa de medio lado.

-Sí, claro, ¡pero también me gustaría saber a dónde voy a escaparme!

Apenas hube dicho esto, pusiste tu dedo índice sobre mis labios y a continuación me besaste ante la aburrida mirada de los usuarios del metro. La mayor parte de la gente volvería a casa después de trabajar o después de sus compras. Me gustaba aquella sensación de complicidad que teníamos en medio de aquel bullicio, el saber que nadie se imaginaba si quiera qué podíamos tramar o lo distintas que podían ser nuestras vidas con respecto a las del resto de ocupantes. Siempre has sabido llevarme a un mundo distinto y a parte del resto.

El resto…

(sigue en - 4 -)

Abril 10, 2008

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Archivado en: Fotos, Relatos, amor — avuiperahir @ 3:54 am
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( viene de - 1 - )

La primera vez que deseé besarle se marchitaban mis quince años. Al borde de los dieciseis estaba cuando empecé a darme cuenta de que había algo en él. Era distinto, era más y era mejor. Entonces no tenía claro por qué, ni cómo aprovecharlo; tenía miedo a lo desconocido.

Decidí entonces ser realista y él se bebió aquel mal trago como no vi a nadie hacerlo antes. Nunca vi su rostro cuando se enteró pero en mi mente lo tengo dibujado. Seguramente se calló, durante un segundo su expresión pareció vacía y sintió que caía por un abismo. Al instante siguiente seguiría hablando y riendo con normalidad y nadie se percataría de lo que acababa de pasar por su mente. Cuando el tema se hubiera desviado lo suficiente seguramente se callaría mientras los demás estaban entretenidos en cualquier conversación vanal y sería entonces cuando en su cabeza comenzarían a dar vueltas aquellas palabras: “su novio”.

Lo que entonces me pareció realista, con el tiempo se me antojó erróneo, supérfluo y propio de una comedia dramática.

Fue así como comenzamos y como nunca debió suceder. Hace algo más de un año más que ahora, me gustaba pensar que precisamente por ese intrincado comienzo tuvo nuestra existencia el desarrollo emocionante y hollywoodiense en el que acabaría envuelta.

La primera vez que pensamos en besarnos de forma recíproca y en el mismo segundo fue al año siguiente de el que fuera para él un gran y amargo trago. Había sido un año largo y extraño. Aquel seguía siendo mi novio. Yo seguía con mi vida de anuncio de detergente por un lado y, mi otra vida, la que decidí que no era realista, esperándome cada día, detrás de cada llamada, en cada correo electrónico, en cada mensaje.

Desde que me despedí de él tras aquella primera y trágica vez, se me encogió el corazón pensando que no volvería a verlo hasta el año siguiente. Pero el destino, aunque malicioso y manipulador, haría innumerables las veces que las oportunidades de vernos se multiplicaban. Una de cal y una de arena: por cada mala jugada nos regalaba una coincidencia que nos unía. Así un día mi familia y yo, hicimos las maletas, nos subimos al coche y nos tomamos nuestras primeras vacaciones en familia precisamente a su ciudad. Una vez más, una de cal y una de arena: yo iría, pero él se marcharía de vacaciones el mismo día de mi llegada. Coincidimos en la misma parcela del planeta a penas 15 minutos.

Pasarela

Una nueva escena propia de una película me regaló la coincidencia. Salí apurada de la habitación, llamé al ascensor y me metí dentro. Era un ascensor de cristal situado en el centro del hotel. Si miraba hacia el frente, justo debajo de mí podía ver el hall de entrada, la recepción, las puertas giratorias, la entrada del hotel y el largo pasillo que conducía de la puerta del ascensor hasta la recepción. Era un pasillo estrecho, de a pensas un metro y medio de ancho, con el suelo de cristal cubriendo una superficie de colores dispuestos en formas diversas sobre un fondo azul. Se alzaban en ambos bordes sendas barandillas de acero. Lo asocié vagamente con las pasarelas para subir a los trasatlánticos.

Mientras descendía en el ascensor, justo delante del cristal y viendo todo lo que me esperaba debajo, lo ví a él, en la entrada del hotel, fuera, apeándose del coche, justo en frente mía. Se quitó las gafas de sol y miró donde yo estaba, dos pisos más arriba, descendiendo lentamente hacia la pasarela. Salí del ascensor y caminé ligera por ella mientras él atravesaba las puertas giratorias y se detenía a esperarme al final de aquel pasillo. Lo que debieron ser segundos me parecieron interminables y largos horas. Estaba allí, allí mismo, a unos metros de mí. Cuando llegué a su lado, nos quedamos quietos un imperceptible segundo, suficiente pare decirnos todo lo que tan sólo se puede trasmitir con una mirada. Nos abrazamos fuertemente y sentí la tranquilidad que puede sentir alguien a quien rescatan, alguien que consigue al fin lo que llevaba tiempo esperando, que al fin puede descansar porque lo ha logrado.

Quince minutos fueron más que suficientes para que el resto de las vacaciones no pudiera quitarme de la cabeza que no habían sido suficientes. El camino de vuelta a casa se hizo terrible. Y tardé semanas en dejar de pensar en ello.

Fue entonces, sí, después de aquel breve encuentro cuando por primera vez surgió. Era verano, y como cada verano volvía. No vivia aún así precisamente cerca pero sí lo suficiente para que no pareciera tanto comparado con el resto del año. Vino a verme una vez más y una vez más sentí ese alivio de verle, quizá un poco menos puro e inocente que la última vez pero, como mínimo, igual de intenso. Las cosas a nuestro alrededor había cambiado, pero nosotros permanecíamos siempre como la última vez que nos habíamos visto. Hasta entonces nuestra amistad había sido un incesante desfile de “No puede ser” en cada conversación y en cada idea que planteábamos. En su visita no iba a ser menos asíque siguiendo mi ejemplo y nombrando realista una acción que en evidencia era de lo más errónea y supérflua, decidió que era mejor tener carabina.

Esa vez, la estaca de la despedida se clavó más profunda que nunca. Se había ido, pero aún había remedio. Me pasé un día entero dudando e intentando decidir. Al final de la tarde no pude más y no quise repetir la historia como tantas otras veces nos había ya pasado, así que descolgué el teléfono, marqué su número y le pedí que volviese. Noté al princpio un silencio de preocupación que no tardó nada en convertirse en lo que me pareció una sonrisa de alivio. Tiempo después me confesabas que te habías sentido como un estúpido al haber decidido tomar mano el primer día de alguien que sirviera de excusa para el “no”.

Las ganas de vernos fueron ese segundo día explosivas. En cada mirada nos tomábamos sin remedio pero nos esquivábamos al límite. Al final de la tarde nos sentamos a tomar algo y entre conversaciones vanales y risas estrepitosas dejamos de esquivarnos un momento, un momento largo e intenso en el que con un pretexto infantil el tiempo alcanzó a detenerse allí mismo, en aquel bar. Estuvimos tan cerca que pude notar el roce de su piel en mi cara, su respiración tibia y acompasada y sus ojos ya borrosos frente a los míos. Dejé de respirar, abrí los ojos de par en par justo antes de dejarme vencer y cerrarlos despacio, cuando me dí cuenta que ya no podía ir más hacia atrás, no podía atravesar la pared que estaba contra mi espalda, no podía evitarlo. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así, a una micra de calmar el deseo más desenfrenado, la tensión podía casi tocarse con la yema de los dedos pero recuerdo perfectamente la milésima en que el tiempo volvio a correr y el ruido de la gente llegó a mí de nuevo; la milésima en que volviste a la realidad y te apartaste justo a tiempo de transguedir las normas.

Tomaste aire, miraste un momento al vacío, luego me miraste a mí y te reíste.

-¿Qué?-dijiste divertido.

Es algo que siempre me ha gustado de tí, saber sacarle siempre hierro al asunto.

Fue entonces la primera vez que ví claramente el muro de contención que habíamos estado construyendo.

El muro…

(siguiente - 3 - )

Abril 7, 2008

Fotomontaje, por John Heartfield

En esta imagen puede verse una figura humana representada en un formato vertical que podría ser parte de un cartel o un anuncio publicitario ya que un marco blanco circunda a la imagen principal.

En la imagen tan solo está la presencia de una figura humana, colocada para una fotografía de retrato pero con la cara tapada o cubierta por papel de periódico. La figura lleva una camisa que podríJohn Heartfielda hacer referencia a un personaje de finales del siglo XIX o principios del siglo XX. Por encima de ésta tiene puesta una especie de correa de cuero con hombreras que se une en el medio del pecho y se pierde hacia la parte trasera del cuerpo donde probablemente se halle atada. En la parte inferior derecha encontramos un bloque de texto en blanco y a la izquierda una línea con un nombre: John Heartfield. El bloque de texto podría tratarse de un texto explicativo o similar; la línea de la izquierda corresponde a la firma del autor de la imagen.

Por la parte de fuera, en el marco blanco, hay dos líneas en la base de la imagen principal que están justificadas de forma que coinciden con el ancho de la imagen principal. Estas líneas están escritas en color gris o negro, siguiendo la estética de la imagen que está representada en blanco y negro o escala de grises.

La figura, en posición y encuadre de retrato, está colocada mirando hacia la izquierda de la composición. Ocupa prácticamente todo el espacio, saliéndose incluso por ambos lados en la mitad inferior de la imagen y por la base de la imagen. En la parte superior apenas queda espacio entre la figura y el final de la composición. El fondo liso recuerda a un estudio fotográfico y acentúa el carácter de retrato que tiene la fotografía. Además, la postura del sujeto es tranquila, está quieto, con los brazos relajados pero el cuerpo erguido, como en posición de espera o de atención a quien le fotografía. Es también un rasgo característico de las fotografías de retratos.

La trama y la calidad de la imagen nos recuerda a la que tienen las imágenes en las publicaciones de prensa, sobre todo en periódicos, por lo que puede tratarse perfectamente de un anuncio o fotografía de un artículo en prensa escrita. El formato rectangular y los textos justificados, sobretodo el que hace función e pie de foto por fuera de la imagen principal, enfatizan este carácter de relación con los medios de comunicación escritos.

La imagen presenta cierta simetría según el eje vertical acentuada por el elemento que representa la cabeza del personaje ya que su forma oval y su posición centrada respecto a este eje nos sugieren este fenómeno. El resto del cuerpo, aunque no geométricamente simétrico, si transmite simetría debido a su forma en conjunto y su posición. El hecho de que toda la figura en sí esté centrada con respecto a la composición acentúa esta percepción. Se forma un acentuado fenómeno de jerarquía con la parte de los pliegos de periódico que debido a su valor considerablemente claro con respecto del resto de la composición, al contraste de textura y a su posición centrada llama la atención antes que cualquier otro elemento de la imagen. Así, además, nos marca un orden de lectura que comienza por la parte superior del eje vertical, nos lleva a la figura del personaje, después al bloque de texto y por último a las líneas exteriores que conforman lo que probablemente sea el título de la obra.

Esta imagen está hecha usando la técnica de la fotografía en blanco y negro, por una parte, el fotomontaje posteriormente y, por último, la reproducción mediante impresión. La figura humana y su entorno nos confirma lo primero; la notoria diferencia de texturas, valor y luces, además de los bordes recortados, nos confirma que es un fotomontaje y que ese elemento no pertenece a la fotografía original, al margen de que sea una figura irreal en su conjunto; las características anteriormente citadas sobre calidad y trama de la imagen confirman lo último.

La fecha de creación y publicación se sitúa en la primera mitad del siglo XX, cuando la fotografía empezó a tener un gran auge, se difundió y muchos artistas se aventuraron a experimentar e innovar con ella, tal y como hace Heartfield en este fotomontaje. La influencia de las vanguardias, que aparecieron con el inicio del siglo, potenció este ánimo por innovar, experimentar y dar nuevos enfoques a la fotografía.

Así, John Heartfield decide usar esta técnica, además de con ánimo de crítica, de una nueva forma, introduciendo elementos ya sacada la fotografía e incluso después su ampliación. Se convierte en el pionero de esta forma de composición y se crea con él el arte del fotomontaje.

Pero Heartfield llega a este estilo tras verse influenciado por el contexto histórico en el que vive. En esta imagen, además de un fotomontaje con un fin crítico y satírico, podemos ver influencias de varias vanguardias clásicas, que son las que aún mantienen en mayor grado la mímesis, aunque a nivel conceptual siga también tendencias de vanguardias que optan por la abstracción. La principal vanguardia que podemos destacar en esta imagen es el dadaísmo. El dadaísmo es un movimiento que comienza en la literatura y se extiende después al resto de artes, por esto tiene un carácter más espiritual e ideológico que formal. Así el dadaísmo lo que pretende es que en el arte no haya normas ni cánones, que no haya técnicas determinadas que deban o no deban usarse: abren el concepto de arte. Usan como medio para escandalizar y llamar la atención con sus obras la descontextualización de elementos, poniendo como algo artístico lo cotidiano o simplemente sacando un elemento cualquiera de su sitio original y poniéndolo en otro que, en teoría, no le corresponde.

Tomando esto como referencia, podemos ver en la imagen de Heartfield una primera descontextualización a nivel general; utiliza un género clásico, como es el retrato usado para plasmar a personajes célebres, de aspecto noble y elegante, para representar a un personaje que, además de no presentar rostro humano como es costumbre, lleva una indumentaria modesta y además un elemento como es el arnés de cuero que sugiere sumisión, presión o esclavitud. El hecho de que esté ladeado hacia la izquierda y no hacia la derecha como es costumbre también es una característica que llama la atención en la composición y rompe con la estética tradicional. La más acentuada descontextualización se da con el fotomontaje con el cual introduce los pliegos de periódico a modo de cabeza o máscara del personaje. Le da a un elemento con una determinada función otra nueva para la que no fue diseñado, además de que esta descontextualización no es solo a nivel conceptual si no que coloca realmente esos pliegos de periódico en la foto transgrediendo del todo la técnica tradicional.

Además del dadaísmo, el cubismo también está presenta en esta obra. Este fotomontaje está hecho mediante una técnica basada en una ya existente conocida como collage. La técnica del collage fue usada por primera vez por Pablo Picasso, principal representante del cubismo. Picasso transgredió las normas establecidas a nivel pictórico introduciendo trozos de la realidad en sus pinturas; es decir, tomaba pedazos de elementos reales, los pegaba en sus lienzos y los mezclaba con su pintura. La técnica de heartfield es ciertamente similar a esta, solo que el fotógrafo no pretendía dar textura a la imagen ni que se vieran trozos reales en tres dimensiones tal y como hacía Picasso, sino que él aplicaba esta técnica de forma que quedara como algo que también había sido fotografiado, aunque en realidad no hubiera sido así.

También el surrealismo tiene como una de sus características el mezclar elementos que en principio son inconexos pero que los artistas plasman juntos y en contextos totalmente distintos a los que tienen originalmente.

El uso del blanco y negro en esta imagen sirve como modo de potenciar el dramatismo que tiene la misma. Una figura de un hombre, en actitud sumisa y que cuya cara se ve cubierta por una masa de papel de prensa representa una escena de drama, de tensión e incluso quizá de sufrimiento. El blanco y negro en una imagen, además de las referencias hacia el paso que pueda tener, enfatiza esta escena dramática y transmite más el aspecto de degradación que pretende dar el personaje de la imagen.

Las tipografías que se ven usadas en los textos de los periódicos son góticas, usadas durante la Edad Media para escribir en los códices y retomadas más adelante por la Alemania de Hitler como letra oficial del Imperio alegando que ésta aportaba grandiosidad y nobleza. El idioma en que los textos están escritos es alemán por lo que ambas cosas están relacionadas. El mensaje que Heartfield manda con este fotomontaje va dirigido a esta dictadura creada por Adolf Hitler y a aquellos que la siguen por beneficio, sobretodo, económico. Las dos líneas de texto del inferior de la imagen citan: “Quienquiera que lea los periódicos de los burgueses se convierte en ciego y sordo: ¡fuera con esas vendas que anulan!”. Heartfield hace con esta imagen un sutil jeroglífico que nos lleva a entender una dura crítica sobre la burguesía y la Alemania de su época marcada por las ideas retrógradas, la opresión, la sumisión y la propaganda que manipula al pueblo.

En contraste con esta tipografía retrógrada que refleja la sociedad alemana del momento, los textos tanto al pie de foto como en el bloque colocado en la esquina inferior derecha de la imagen están escritos en tipografías de palo seco y, como se ha citado anteriormente, ambos están justificados para formar dos bloques perfectos aunque su interletrado se vea severamente modificado para conseguirlo.

En conclusión, la imagen no solo se presenta como una ruptura con el arte tal y como pretendían los vanguardistas sino que se usa como forma de crítica, como una forma de cambiar o afectar en el mundo con el arte, ideología que también forma parte del movimiento Dadá.

Febrero 21, 2008

Also Sprach Zarathustra, por Van DeVelde

En esta imagen se puede ver dos páginas de un libro, probablemente las que hacen la función de contraportada. Constan de una ilustración basada en ornamentaciones que cubren y unen visualmente ambas. En cada una de las páginas, en medio de la ornamentación, se encierran dos textos respectivamente. El texto de la izquierda corresponde al título del libro y a su escritor: Also Sprach Zarathustra, de Friedrich Nietzsche. El de la derecha, probablemente a los datos sobre la impresión del libro.

La ilustración está impresa mediante cromolitografía sobre un soporte de papel como una aplicación editorial, es decir, como parte de un libro. Por lo tanto, es este un ejemplo de diseño editorial en el que se aprecia una unidad y un orden compositivo: la maquetación ha sido pensada.

Ambas páginas están cubiertas por un entramado de ornamentaciones cuyos bordes forman en conjunto un rectángulo o bloque rectangular. Este bloque guarda una distancia considerablemente pequeña en comparación con el tamaño total de la página.

La ornamentación de este bloque está compuesta tanto por formas geométricas como orgánicas, aunque la gran repetición de simetrías usadas hace que la composición, en conjunto, tenga una tendencia más marcada hacia la geometricidad.Also Sprach Zarathustra

La ilustración presenta dos tintas: una marrón y otra dorada. A través del uso de la técnica del contratipo o del reservado, los espacios en blanco realizan la función de línea, enmarcando, delimitando e incluso formando figuras.

Se distinguen varias partes dentro de la composición. En la parte más exterior de la misma, se enmarca mediante una seriación de formas geométricas la ilustración principal. En ésta hay dos partes diferenciadas: la mitad superior y la inferior.

En la mitad superior se encuentra una circunferencia dorada que encierra un elemento en forma de aspa que encierra una gran masa vacía de color que le da relleno. Ambos elementos son un foco de atención visual por su diferencia en cuanto a tamaño, color y forma con el resto.

En la mitad inferior la ornamentación se adapta y envuelve al espacio en blanco en el que va introducido el texto, formando así otro foco importante de atención.

Este esquema es usado en ambas páginas, aumentando la simetricidad de la ilustración.

Las formas que componen la ilustración no representan elemento alguno miméticamente; en ella no se distingue ningún objeto o figura reconocible. Sin embargo, las formas orgánicas de las ilustraciones principales, tienen alusiones bastante notables a formas de la naturaleza, en especial a plantas y vegetales. Estos elementos, aunque compuestos de una forma marcadamente simétrica, son totalmente ondulantes y orgánicos: curvas, contra curvas, formas aovadas y formas elípticas se unen y forman dibujos que recuerdan claramente a la disposición natural  de la flora. Se trata de una abstracción de las formas de la naturaleza, una representación simbólica y simplificada de ellas.

El uso y recurso, tanto gráfico como en el diseño de interiores y en la arquitectura, de la naturaleza y sus formas y elementos es una técnica predominante y común del Modernismo llamado Ondulante.

 

El Modernismo surge a finales del siglo XIX como oposición a la estética victoriana, además de manifestarse contra el materialismo, la industrialización y el racionalismo. Los modernistas defienden lo imaginativo, la evasión, lo onírico… Al igual que otro movimiento dentro del que se encuentran: el simbolismo. Van a expresar todas estas ideas tanto en el campo tridimensional como en el bidimensional, en el cual tendrán especial influencia dentro del diseño gráfico.

Esta imagen es un ejemplo de este movimiento modernista aplicado al campo bidimensional, el cual seguirá el estilo llamado Modernismo Ondulante. Esta variante se basa en el uso de curvas y formas orgánicas con las que se pretende seguir un camino que se aleje del ambiente de industrialización que se estaba llevando a cabo en la realidad de la época.

Al mismo tiempo, este movimiento criticaba la estética victoriana que se había seguido durante las décadas anteriores y la cual estaba representada por la ostentación, lo sobrecargado y el mal gusto o lo kitsch. Se busca simplificar, limpiar la imagen de aquello que está de más, de lo que sobra y sobrecarga. Este pensamiento se hereda del movimiento creado por Arts&Craft que pretendía acabar con la recargada estética victoriana y dio al diseño editorial un giro iniciando su proceso de simplificación y normalización. Arts&Craft comenzó a preocuparse por la composición de la página, por la armonización de las ilustraciones con el texto y también por el correcto tratamiento de éste.

Así en la imagen vemos que texto e ilustración han sido integrados el uno con el otro. El texto se integra dentro de la composición como si fuera un elemento más de la ilustración.

La tipografía usada para los textos  de esta ilustración es una importante evolución para el diseño editorial. Cada vez se simplifican más las formas y ya se puede apreciar una legibilidad considerable. Los trazos son limpios y firmes, aunque aún hay una modulación pronunciada. Los remates son reducidos, no entorpecen la lectura sino que ya contribuyen a ella, aunque siguen acompañando al cuerpo de los tipos de forma bastante ornamental. La modulación y remates pronunciados, por otro lado, ayudan a la integración del texto con la ilustración ya que aumentan el carácter ornamental de la tipografía. Sin embargo la simplificación con respecto a la que habían llegado durante Arts&Craft es notoria.

Las formas orgánicas y curvas llenan la composición pero éstas se presentan en superficies más o menos amplias de tinta que prescinden de los detalles minuciosos y del abuso en número de pequeños elementos agolpados tal y como llevaban a cabo estéticas como la victoriana y el estilo barroco, de las que se pretende huir. Las formas de la naturaleza se reducen en esta ilustración a insinuaciones simplificadas que escapan de dibujos abarrotados de líneas y detalles. Este modo de aplicar las líneas y los rellenos tiene grandes influencias de la estampa japonesa, la cual causó gran impacto a su llegada a occidente a través de las vías de comercio y que influenció tanto a este movimiento como a los inmediatos posteriores y siguientes.

Mirando la imagen de una forma más general, el uso de la simetría es otro modo eficaz de simplificación. La perfecta simetría, como es este caso, que consiste en reproducir de forma exacta y reflejada los elementos a un lado y a otro de un eje imaginario, permite la rápida comprensión del mensaje. Cuando ambas partes de una composición son iguales, la comprensión de una de ellas nos ahorra el comprender la otra. La ilustración al completo está compuesta de esta forma, en todos sus niveles: desde los dibujos más pequeños hasta la composición genérica de ambas páginas.

A pesar de todo, el Modernismo no cambia por completo la estética y sigue manteniendo muchos aspectos tradicionales que ya estaban implantados. Es por eso que podemos observar en la imagen una cierta alusión al formato medieval de composición, en la ornamentación, el formato en bloque y la enmarcación del texto, como ya hicieron Arts&Craft.

Siguiendo la línea positivista, naturalista y a favor de la vida no mecanizada, los iconos modernistas se basan, al igual que sus líneas, en formas de la naturaleza, así toman de ella aquello que les aporte connotaciones de vida, energía, vitalidad, dinamismo… En este caso, el gran círculo dorado y la forma que contiene en su interior son una referencia estos iconos. El círculo dorado es una alusión al sol, símbolo de la vida por antonomasia, por encima de todos los demás. La forma que contiene nos lleva a identificarla con una flor, símbolo de belleza, de pureza y de alegría, o con un trébol de cuatro hojas, símbolo absoluto de la buenaventura y el lado más optimista de las cosas.

Este estilo, el Modernismo, se extiende por los territorios más industrializados de Europa. Uno de los primeros sitios en manifestarse es en Bélgica y uno de sus más importantes diseñadores será Henry Van de Velde, el encargado y ejecutor de esta imagen. Como representante del diseño modernista en este país, defendía la contemporaneidad que debían tener los artistas, debían plasmar su momento histórico en sus obras. Así enfocaba su lucha contra los historicismos y estilos recargados de los que pretendía huir el Modernismo.

Mediante simplificación y geometrización pretendía alcanzar ese diseño que creía correcto y adaptado a la época en que vivía. Van de Velde no sólo pretendía ser contemporáneo sino que además fue uno de los primeros que comienza a defender la obra de autor aunque cree que ésta es compatible con la seriación que estaba surgiendo con la industria. Así pretendía hacer diseños personales que a su vez pudieran ser reproducidos de forma más sencilla.

Mediante esa simplificación llega a un comienzo de abstracción; los dibujos, tal y como vemos en las formas sutiles de la ilustración, comenzaban a ser más simbólicos y cada vez menos miméticos de lo que habían conseguido sus antecesores en Arts&Craft.

Aunque todavía muy distante, las ideas, planteamientos y resoluciones que aportó Van de Velde estaban más cerca que nunca de un diseño editorial como se entendería más adelante. La importancia que se le dio al diseño en formato bidimensional durante el Modernismo haría que la evolución de éste fuera la más importante hasta el momento.

Enero 26, 2008

Cantos de sirena

Archivado en: Pensamientos, Relatos — avuiperahir @ 10:02 pm
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Se quedó de pronto la pantalla en negro.

El silencio inundó cada centímetro de la estancia. Había ya anochecido y no había nadie más que ella en la casa.

Sin saber bien por qué, se quedó allí sentada, delante del ordenador que acababa de apagarse como si le faltara la fuerza para seguir encendido. Completamente arropada por la oscuridad, con las piernas firmemente cruzadas y esperando escuchar algo de un momento a otro, lo que fuera, cualquier cosa que le indicara que en ese mismísimo momento había alguien pensando en ella o, simplemente, decidiéndose a reclamar su atención.

Fue un momento eterno, de vacío absoluto, ganas de nada y ganas de cualquier cosa que no fuera estar en aquella habitación, sola, apática y casi podría asegurar que muerta.

El viento movió las macetas y una se tumbó esparciendo por el suelo del balcón parte de su contenido. El silencio era tan intenso y punzante que casi le pareció oír los pétalos de sus tulipanes golpeando agónicos contra el suelo. Pero ni un sólo sobresalto, ni una expresión, ni tan siquiera un latido más rápido que otro; allí siguió, mirando al vacío como si hubiera perdido la vista en un momento y sin atreverse a moverse ni un ápice en su silla de oficina.

Cualquier cosa carecía de sentido en aquel momento. Ante el vacío no hay opinión. Quizá tan solo locura. Siguió esperando, esperando que alguien la sacara rápido de aquel universo de vacío en el que se había metido. Ni tan siquiera era capaz de recordar el por qué de ese momento, de ese estado de apatía; quizá es que ni tan siquiera podía esforzarse en recordarlo. En un segundo su mente era un bucle a la perdición.

Comenzó a parecerle imposible mantener los ojos abiertos e incluso respirar. Semejaba un aparato que se iba apagando despacio, al que las pilas le iban fallando poco a poco, como un cassette que va quedándose enganchado en la pletina.

Seguía sola, semidesnuda, apoyada con desgana contra el respaldo se su silla, con su cabello lamiendo dulcemente sus brazos, sus hombros y su pecho. A penas se colaba un rallo de luz de luna que iluminaba de forma tenue la escena. Pronto hasta la cabeza comenzó a pesarle.

Un sonido estridente rompió el momento. Una luz. Parpadeaba. El sonido seguía armonioso acuchillando el silencio que la envolvía. Despacio giró los ojos, húmedos, enrojecidos, y vio la fuente perturbadora. Agarró el aparato despacio y se lo acercó a la cara como si pesara toneladas. Descolgó y una voz sonó al otro lado.

- ¡Hola!

Dio un silencio por respuesta.

-¿Estás bien?

Abrió la boca para contestar y tan sólo salió el leve sonido que produce un llanto agónico, como de ahogo, casi inaudible.

-¡Esperame! Voy para ahí.

Dejó caer el aparato y se dejó ir.

Todos y cada uno de nosotros pasamos la vida preguntándonos quién será la persona que realice la llamada. Quién será la persona que sepa en el momento exacto en la situación precisa decirnos: “Voy para ahí”.

Hoy, soy ella.

Enero 14, 2008

Bon dia

Archivado en: Pensamientos — avuiperahir @ 11:37 am
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Cuando iba en el bus, mirando a la gente que iba por la calle, a la gente que subía y bajaba, cargado de bártulos para ir al trabajo… Se me ocurrió que me apetecía más que nada hacer pellas, novillos… Hacer pellas de la vida, de todo. Levantarme un día, temprano y hacer pellas de las clases, de mi familia, de los amigos, de los conocidos, de cualquier compromiso, de desayunar y comer, de acudir a citas… Hacer pellas de todo y de todos.

Salir de casa por la mañana temprano y visitar la ciudad un día normal. Caminar sin rumbo, despacio, paseando como nadie pudiera verme. Ver la vida desde fuera: entrar en las tiendas vacías a primera hora, observar a la gente ir de un lado para otro, cargados de bolsas; sentarme en una cafetería a ver cómo la gente desayuna apresurada, cómo se toman sus descansos y hablan apresuradamente de los incidentes del día; ver a los padres histéricos al volante por llevar a sus hijos a clase, que se resisten, que lloran, que se quejan, que preguntan; sentarme en un portal a ver la lluvia resbalar por las calles vacías de sentimientos ; pararme delante de todos los escaparates, que están siendo arreglados antes de abrir las puertas al público, que permiten ver a las dependientas tranquilas pensando en lo que les espera unas horas después, que resguardan a un puñado de maniquís que no tienen más meta que el de ser observados (como tantas personas); coger cualquier bus que me lleve a cualquier sitio que desconozco y pararme cuando simplemente me canse de ver la vida pasar a través de sus ventanas; comprar pan caliente, recién hecho; beberme un café en vaso de cartón; dar una reprimenda con la mirada a una señora que no recoge los depósito de su perro.

Ardo en ganas de pasarme horas y horas en blanco, donde el reloj no importa, donde nadie se pregunta dónde estarás, qué estarás haciendo y, lo más importante, si estarás cumpliendo con tus cientos de obligaciones. Sentir la ciudad, hablar con ella, que me cuente todo lo que nadie se para a mirar. Visitar todos esos sitios que empañan mis ojos cuando paso por delante porque me recuerdan tiempos mejores.

Caminar como un espectro que nadie ve, en el que nadie se fija. Ir a todos los sitios a los que nunca fui y siempre quise.

Y encontrar una mirada cálida en medio de la gente, desconocida pero profunda, que hace que de pronto… Me detenga en medio de la calle a verla pasar, aunque sepa que el que se pierda para siempre en el tumulto de la gente… es cuestión de segundos.

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